Su bajo contenido en grasas en comparación con el pollo, la hace muy recomendable para las dietas de adelgazamiento. De la mar el mero, de la tierra el cordero, del cielo la perdiz y para mí la codorniz. Este refrán refleja el aprecio por esta ave que, cuando está en libertad tiene como sana costumbre alimentarse en los trigales.
Variedades: en el mercado abundan dos clases de codornices de cría. La Japónica, que es la más común y cuya hembra pesa entre 100 y 120 g, y la Faraona, cuyo nombre ya indica su mayor tamaño: hasta 240 g. La primiera es de sabor más delicado, mientras que la segunda destaca por la compacidad de su carne, que la hace muy adecuada para rellenar.
Cómo cocinarla:
La codorniz es fácil de cocinar y adminte multitud de variantes. El escabeche frío o caliente es un manjar. Sencillamente fritas están deliciosas y en guiso, con alubia s y cebollitas alimentan y además no engordan.
Sus huevos son ricos en minerales (fósforo, potasio, magnesio). Si la yema no se mantiene firme, no son frescos.

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